martes, 31 de marzo de 2009

Rembrandt


Lección de anatomía.


Ronda de noche.




Obras de Rubens.



Diana y las ninfas.


Las tres gracias.

Pinturas de Velázquez



Las Meninas.


La vieja friendo huevos.


La rendición de Breda. (o las lanzas)

Diego Rodríguez da Silva y Velázquez

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 6 de junio de 1599 – Madrid, 6 de agosto de 1660) conocido como Diego Velázquez, fue un pintor barroco, considerado uno de los máximos exponentes de la pintura española y figura indiscutible de la pintura internacional.

Paso sus primeros años en Sevilla donde desarrolló un estilo naturista y caravaggista. A los 24 años fue nombrado pintor del rey y 4 años después fue ascendido a pintor de cámara, el cargo más importante entre los pintores del rey. A esta labor dedicó el resto de su vida. Su trabajo consistía en pintar retratos del rey, de su familia, así como otros cuadros para decorar las mansiones reales. Su estilo evolucionó hacia una pintura de gran luminosidad con pinceladas rápidas y sueltas. En esta evolución tuvo mucho que ver el estudio de la colección real de pintura y su primer viaje a Italia donde estudió tanto la pintura antigua como la contemporánea. En su madurez, a partir de 1631, pintó grandes obras como la rendición de Breda. En su última década su estilo se volvió más esquemático y abocetado alcanzando un dominio extraordinario de la luz. Este periodo se inauguró con el retrato del papa Inocencio X, pintado en su segundo viaje a Italia y a el pertenecen sus dos últimas obras maestras: las meninas y las hilanderas.

Su catálogo consta de 120-125 obras. El reconocimiento como pintor universal se produjo tardíamente hacia 1850. Alcanzó su máxima fama entre 1880 y 1920, coincidiendo con los pintores impresionistas franceses para los que fue un referente. Manet se sintió maravillado con su pintura y lo calificó como pintor de pintores y el más grande pintor que jamás ha existido.

martes, 24 de marzo de 2009

Pintores del Barroco

Rembrandt Harmenszoon van Rijn, 15 de julio de 1606 (Ámsterdam), 4 de octubre 1669, está considerado uno de los más grandes pintores en la historia del arte europeo, y el más importante en la historia de Holanda.

Rembrandt fue además un grabador experto, y publicó muchos dibujos. Sus contribuciones al arte tuvieron lugar en un período que los historiadores llaman la Edad de Oro holandesa, que corresponde aproximadamente al siglo XVII. En esa época, la cultura, ciencia, comercio, poderío e influencia política de Holanda alcanzaron su punto máximo.


Antoon van Dyck
Amberes, 22 de marzo de 1599 - Londres, 9 de diciembre de 1641, fue un pintor flamenco. Dado que alcanzó gran fama internacional, su nombre se adaptó a diferentes idiomas: en inglés, Sir Anthony van Dyck; en español, Antonio o Antón van Dyck. En su lengua materna, la flamenca, su nombre es Anton Van Dijck (la palabra dijck significa roble).


Michelangelo Merisi da Caravaggio (Milán, 29 de septiembre de 1571 - Porto Ércole, 18 de julio de 1610), fue un pintor italiano activo en Roma, Nápoles, Malta y Sicilia, entre los años de 1593 y 1610. Es considerado como el primer gran exponente de lapintura barroca. «Después de varios años de trabajo, Caravaggio pasó de una ciudad a otra sirviendo a varios señores importantes. Es una persona trabajadora. pero a la vez orgullosa, terca y siempre dispuesta a participar en una discusión o a enfrascarse en una pelea, por lo que es difícil llevarse bien con él».

Floris Claes van Dijk.

Entierro del Conde Ordaz


El cuadro representa las dos dimensiones de la existencia humana: abajo la tierra, arriba el cielo, la vida eterna. El Greco se lució plasmando en el cuadro lo que constituye el horizonte cristiano de la vida ante la muerte, iluminado por Jesucristo.

En la parte inferior, el centro lo ocupa el cadáver del señor, que va a ser depositado con toda veneración y respeto en su sepulcro. Para tan solemne ocasión han bajado los santos del cielo: el obispo san Agustín, uno de los grandes padres de la Iglesia, y el diácono san Esteban, primer mártir de Cristo.

En la tradición bíblica el cuerpo es enterrado, devuelto a la tierra de donde salió, en la espera de ser transfigurado por la resurrección final. El cuerpo humano, que el Hijo de Dios ha tomado al hacerse hombre, ya no es la cárcel del alma, sino la materia animada por el espíritu, la materia que será definitivamente transformada en la resurrección.

A este entierro, dos personajes principales, el Greco nos mira de frente, invitándonos a entrar en el misterio admirable que contemplan nuestros ojos y su hijo, señalando con su dedo al personaje central.

Entre el cielo y la tierra, el lazo de unión es el alma inmortal del señor de Orgaz, figurada como un feto que es llevado al cielo por manos de un ángel, a través de una especie de vulva materna que le dará a luz a la vida eterna del cielo. La muerte aparece así como un parto, como un alumbramiento a la luz eterna en la que viven los santos. Trance doloroso, pero lleno de esperanza.

En la parte superior, el pintor describe el cielo, la vida feliz de los bienaventurados. Aparece Jesucristo glorioso, luminoso, vestido de blanco, entronizado como juez de vivos y muertos. Es el Señor de la vida y de la historia de los hombres. A Él se le ha dado la capacidad de juzgar a los hombres, y lo hace con misericordia, como lo muestra su rostro sereno y su mano derecha que manda al apóstol Pedro, jefe de su iglesia, que abra las puertas del cielo para el alma del conde difunto.

La madre de Jesucristo, la Virgen María, acoge maternalmente el alma del señor que llega hasta el cielo. En este alumbramiento a la vida eterna, Dios ha confiado a María la tarea de madre. Ella es para nosotros el rostro materno de Dios.

Los bienaventurados miran fascinados y adorantes a Jesucristo el Señor.

El conjunto del cuadro invita a la contemplación de un misterio que nos es dado, de una verdad que nos es comunicada: el hombre ha nacido para la vida. El hombre no es un ser para la muerte. E incluso cuando ha de traspasar el umbral de la muerte, no lo hace en solitario, sino que junto a él para ayudarle está Jesucristo, redentor del hombre, su Madre santísima, que es también nuestra madre, y todos los santos del cielo, nuestros hermanos mayores. Somos miembros de la familia de los santos, para que vivamos santamente nuestro camino por esta vida.

El Greco ha conseguido transmitirnos en esta su obra maestra un mensaje de esperanza, la esperanza que brota de la buena noticia de Jesucristo, señor de la vida y de la historia.

Características Pictóricas.

Óleo sobre lienzo. 4,80 x 3,60 m. Traducción de la firma: “Dominico Theotocopuli, 1578” (fecha de nacimiento del hijo del Greco, no del inicio de la obra).

Algunos autores la han definido como “no sólo es la obra cumbre de El Greco, sino la obra maestra de toda la pintura”.

El Greco lo pinta en plena madurez artística. Tiene rigor arquitectónico y una unidad extraordinaria a pesar de los dos partes en las que está dividido. En esta obra están presentes todos los elementos del lenguaje manierista del pintor: figuras alargadas, cuerpos vigorosos, escorzos inverosímiles, colores brillantes y ácidos, uso arbitrario de luces y sombras para marcar las distancias entre los diferentes planos, etc.

Cuando el Greco se instala en Toledo, alcanza esa madurez pictórica que arrastra de su paso por Italia y los talleres de los mejores pintores de la época. Es entonces cuando el Greco apunta nuevas formas donde los cuerpos se distorsionan, se llenan de arrebato místico: las posturas, las miradas, ...

Que el Greco pintase una serie de personajes reales contemporáneos suyos supone el primer retrato colectivo de la historia del arte español. Y hay quien ha visto en la composición completa del cuadro una composición clásica: los caballeros, verticales en la tierra, serían las columnas de un pórtico; sobre ellos, un frontón triangular que quedaría conformado por las nubes que convergen en el vértice del Padre.

El cuadro tiene influencias de la pintura italiana de los juicios finales, de los “Santos Entierros de Cristo” de Tiziano. Y también influencias de los pensamientos de la época sobre la construcción visionaria e idealizada de la gloria celeste desde lo alto.

El Greco incluye personajes en tamaño real en el cuadro, cuadros dentro del cuadro –el martirio de San Esteban y los santos de la capa pluviales del obispo y el párroco-.

El lienzo planteaba no pocos problemas, incluso a pesar de las medidas que finalmente tuvo y que no fueron escasas y que supusieron un desafío para su autor. El tamaño y las dificultades que comportaba la realización de semejante lienzo, así como la brillante manera que demostró el Greco a la hora de resolverlas, por no hablar del prestigio que poseía entonces.

El autor se ciñó literalmente a lo estipulado en el contrato y que le obligaba a representar un hecho descrito con detalle. Cumpliendo con eso (parte terrenal) el Greco representó con más libertad la parte celestial componiendo una escena muy personal. La parte superior no se ajusta a la realidad visible y los colores no responden a los de la propia naturaleza lo que proporciona al cuadro un interés añadido.

Existe un evidente anacronismo e inverosimilitud con la mezcla de personajes que en la realidad se llevaron más de 200 años de diferencia, sin incluir a los santos y personajes de la parte celestial.

Es curioso como El Greco también pinta al Señor de Orgaz con armadura lujosa, no humildemente envuelto en una mortaja o un hábito de mendicante, como era en realidad.

También es curioso, como consecuencia del manierismo, que no existe profundidad en la escena, por lo que no observamos ni suelo, ni fondo, ni casi podemos afirmar que la escena se representa al aire libre o en el interior de una cripta.

La luz existe casi exclusivamente en la parte superior. En la inferior, la luz proviene de las vestiduras.





San Carlo


San Carlo alle Quattro Fontane (también llamada San Carlino) es una iglesia construida entre 1638 y 1641 en la ciudad de Roma. Encargo de la Orden de los Trinitarios Descalzos en Quattro Fontane en 1637. Diseñada por Francesco Borromini (1599-1677), es una de las piezas maestras de la arquitectura Barroca.

San Carlino presenta una libre agregación de espacios diversos, ya que junto con la iglesia se construyó el convento, creando un conjunto de correlaciones y contrastes en cuanto a formas geométricas, siendo el claustro del convento rectangular, mientras la iglesia presenta forma elipsoidal. La iglesia presenta una cúpula oval, concebida con una autonomía absoluta, presenta dos focos de luz, a la luz cenital que se introduce por la parte superior de la cúpula se unen los sistemas lumínicos rasantes que se introducen por la base de ésta.

En total San Carlo alle Quattro Fontane destaca por el alto grado de conocimientos matemáticos y arquitectónicos empleados por Borromini.

martes, 10 de marzo de 2009

El Barroco

Hasta hace poco se supuso que el Barroco era una creación de los espíritus del siglo XVII; se señalaba a Bernini y a Borromini como padres del Barroco en Italia, cuando en realidad no fueron más que sus propagadores. Se empiezan a notar indicios del Barroco a principios del siglo XVI, y hasta se ha llegado a hacer a Miguel Ángel casi responsable de la novedad.

Si el Barroco es una acumulación y desnaturalización de las formas, no cabe negar que Miguel Ángel y sus discípulos empezaron ya a formular esta corriente, que Bernini y Borromini proseguirían. Miguel Ángel en el proyecto de la fachada de San Lorenzo, de Florencia y en la escalera de la Biblioteca Laurenciana, de la misma ciudad, contiene las formas mixtilíneas y los principios del Barroco; algunos de sus adornos, máscaras, cartelas y medallones son de un gusto que se anticipa al del siglo XVII.Lo mismo podría decirse de sus discípulos: el basamento esculpido, de adornos muy complicados, del Perseo de Benvenuto Cellini.

Otro discípulo inmediato a Miguel Ángel, Giacomo della Porta, es el autor de la fachada de la iglesia de II Gesú o de los jesuítas, en Roma, que ha sido considerada como el punto inicial del arte barroco en arquitectura. Allí aparecen ya los frontones superpuestos y los medallones retorcidos, y como el estilo barroco fue adoptado, de un modo general, por los jesuítas, en las iglesias edificadas por la Compañía, ha sido tenida como la primera obra propiamente barroca.

Pronto aparece Algardi, a fines del siglo XVI, con su capilla del Quirinal, que exhibe adornos del todo barrocos; Pietro Bernini, a quien se tiene por maestro de su hijo Lorenzo, y todos los arquitectos y escultores que formaron parte de la generación intermedia entre Miguel Ángel y los grandes maestros del Barroco.